domingo, 27 de marzo de 2016

DELIRIOS DE SOLEDAD 2

MARCHARÉ LEJOS EN MÍ

Se ha marchado a la distancia, la mujer que amé.
Marchó el amigo ocasional.
No sigas las huellas, no deseo compañía,
no deseo narrar historias.

Anhelo cremar las palabras, una a una con el alar del viento.
y fundirme en el espeso bosque del silencio,
en el eterno lago, frio y solitario.

No espero tus manos,
no luches por mi causa;
aborrezco las flores arrojadas sobre mí.

Las luces quedaron en el distante del horizonte;
las voces, las de ella, las imita la soledad.
Mi pacto con el vacio llega a su culmen,
mientras las horas desaparecen
y sólo queda en mi memoria su repetido nombre.
Marcharé lejos en mí.

Se quema mi corazón en el abismo,
le sueño y anhelo en las grutas oscuras
buscando un alivio en la pobre humanidad,
arrojada en mi presencia.

HÉCTOR JULIÁN MACHUCA ORTIZ


UN DELIRIO MÁS (DELIRIOS DE SOLEDAD)

DELIRIOS DE SOLEDAD I


Lo dejaría todo,
para alcanzar la ansiada totalidad
de su sonrisa (su ausencia)
Rompería en mí, todo abrazado apego,
para contener mis deseos bajo su piel.
Quemaría cada victoria lograda con mi sangre
para esfumar la distancia amarrada, agota;
pero la soledad me es más fuerte
ante mi débil realidad.

Cuánto desearía volver a escuchar su voz,
pues existe en la herida alma,
un suspiro golpeado por el sueño de verla;
queda la soledad
como un fuerte delirio.

El lugar perdido donde se encuentra, en tejares que me olvidan,
son una agonía al no saberlos.
Cuando los pasos del recuerdo pesan
en el pecho del cuerpo que soy.

Más no desearía recordar el viento y la distancia,
pues son el castigo del corazón.
no quisiera soñar más,
pero nunca anhelaría olvidarla.

Duele saber que el aire sofoca.

Dicen voces que me hieren:
su cuerpo no es ya de niñez, de mujer son los cabellos que juegan con el tiempo.

En sus manos surgió el suspiro de no recordar más mi nombre
alimentado el sufrir, convirtiendo en saludos las sombras.
Muriendo con las lágrimas, en la perdición del sol.

Mas, mi corazón dejaría de palpitar
si un delirio dejara de  acariciarme en el ahogo eterno.
Mi cárcel,
en cadena perpetua.

No resisto más los sonidos: la siguen pronunciando,
en los albores donde amanece mi piel junto al frío encarnado
 en la sangre, de noches torturadoras, dulces ilusiones, pesadillas al despertar.
Descubriendo, así, lo absurdo de besar los labios lejanos

cuando el mundo más grande se hace.

HÉCTOR JULIÁN MACHUCA

Video del poema